Seriamente Más Interesante, Viviendo con una Enfermedad Mental Grave (SMI, por sus siglas en inglés)
No me considero muy diferente de cualquier otra persona. Sé que esto es, en parte, gracias al apoyo que he recibido durante el último año y medio. A decir verdad, he estado viviendo con estas dificultades desde que era muy joven. Nunca conocí mi vida sin dificultades. Sí, me entristece y, sí, me causa dolor a veces, que alguien me juzgue antes de conocerme. ¿Por qué no tendría algo significativo para contribuir a la sociedad solo porque tengo una enfermedad mental grave? No define quién soy.
Entiendo que la forma en la que yo percibo mi vida es muy diferente de cómo la perciben otras personas. Sé que tengo días muy malos y que necesito medicamentos. A muchas personas les pasa lo mismo por muchos motivos distintos. Quiero ayudar a reducir el estigma, pero soy humana. Me duele cuando alguien quiere tratarme en forma diferente solo porque mi vida tiene dificultades que esa persona no entiende.
Esto no significa que no seguiré intentando de educar a las personas y hacer que avancen en su forma de pensar, porque creo que educar a las personas acerca de las enfermedades mentales ayudará a reducir el estigma que las rodea. Lo que he descubierto es que, gracias a mi propia voluntad de compartir mi historia y mis luchas con una enfermedad mental grave, no solo ha cambiado la manera en la que interactúo con mi familia, sino que, de hecho, la ha ayudado a brindarme más apoyo y a alentarme a ayudar a otros.
Descubrí que la única manera de reducir el estigma es hablar al respecto. Seamos sinceros, las enfermedades mentales no solo afectan a la persona, sino que también tienen un impacto en su relación con otras personas. Soy afortunada de que mi familia y las personas con las que trabajo entienden mis dificultades, lo que, a la vez, hace que sea más fácil hablar al respecto. Entonces, se vuelve algo positivo.
Ya no siento la necesidad de ocultarme en las sombras. Soy quien soy. Puedo y debo estar orgullosa de eso. También entiendo que sin el apoyo de mi familia, mis amigos, mis compañeros de trabajo y, claro, mi médico (quien, por cierto, siempre me recuerda que soy yo quien está en el asiento del conductor) no sentiría que tengo el poder de hablar en forma abierta y honesta acerca de la vida con una enfermedad mental grave.