Diane Walgren
Mi nombre es Diane; soy una madre y abuela de 56 años, ciudadana estadounidense, contribuyente y votante registrada. También soy una estadounidense con discapacidades. Mis discapacidades son tanto físicas como mentales. Sufro de fibromialgia, daño nervioso, depresión grave y trastorno de ansiedad. Enfrento diariamente mis problemas físicos. También enfrento diariamente mi depresión y mi ansiedad. En mis días “negros,” siento tristeza y miedo constantes. Me aíslo del mundo y de mi familia. Perdí mis aptitudes de sociabilización, mi claridad mental, mi sentido de identidad y mi interés por la vida. Todas estas cosas se perdieron en la oscuridad de mi mente. No podía ver la luz, no podía disfrutar nada y no tenía ganas de vivir. Intenté terminar con mi vida hace tres años.
Tenía un administrador de casos, un enfermero, un médico y un equipo que me apoyaba. Recuerdo sentirme conmovida por su sincera preocupación por mí. En el consultorio del médico, había un letrero que decía “Soy médico, no mago.” Recuerdo desear que fuera un mago.
Mi recuperación es un largo camino. No hay soluciones rápidas, pero mi recuperación comenzó. Durante más de dos años, cumplí con mis citas, pero no me pude obligar a ir a ningún grupo ni a abandonar mi hogar. No caía en la cuenta de que los medicamentos ayudan con los síntomas. Sin embargo, tuve que empezar a trabajar en mis pensamientos. Luego, surgieron cambios en el sistema en el 2010, y eso me devastó. Mi evolución se desmoronaba.
Mi médico me preguntó si podía trabajar en una tienda de refrigerios de la clínica. Me dijo que si lo hacía, podía recuperar mis beneficios. Le respondí que estaba muy interesada en trabajar en la tienda de refrigerios. Tenía miedo y muchas dudas sobre mi capacidad de hacer algo útil. Fui a una entrevista y traté de dar la mejor impresión. No solo me contrataron como empleada, ¡sino que me dieron el cargo de supervisora! Vieron en mí algo que yo había olvidado que tenía. Tenía muchos miedos y preocupaciones, pero trabajé con otras personas para hacer de este proyecto un éxito. Gracias a mi trabajo, comencé a tener éxito. Me relajé. Podía interactuar socialmente con otras personas. Asumí ciertas obligaciones, tenía responsabilidades y recibía ingresos.
Trabajar me ha permitido florecer y no sentirme paralizada por mi discapacidad. He tenido el placer de trabajar con otras personas y también servirles de guía en su crecimiento y desarrollo. Mi éxito es el resultado de trabajar a medio tiempo como supervisora en la tienda de refrigerios de la clínica Partners In Recovery East Valley. Mi éxito es de la tienda y su éxito es mío. No pienso demasiado en mi discapacidad; en lugar de ello, trato de usar las herramientas y el apoyo que me han brindado para manejar los síntomas físicos y mentales que tengo.
Es importante que haya disponibles más oportunidades de empleo para las personas con discapacidades. No juzgue a las personas por su enfermedad, sino por su carácter. Soy consciente de que sin mi trabajo (que adoro), probablemente seguiría en la “oscuridad” que describí antes. Ahora sonrío, brindo ayuda, recibo incentivo y trabajo. ¡Me ha cambiado la vida!




















