Jill Hogan
Decir que Jill Hogan ha tenido altibajos en su vida, sería poco. Hogan, quien ahora tiene 47 años, ha experimentado dificultades de salud mental desde los 16 años. Esa también fue la edad en que, por primera vez, intentó suicidarse.
“En ese momento, estaba pasando por muchas cosas,” sostuvo Hogan. “Además de las ansiedades normales propias de una adolescente, mis padres estaban atravesando por un divorcio muy desagradable y ninguno de ellos estuvo presente para ayudarme a sortear los pensamientos y sentimientos negativos que estaba experimentando.”
Hogan comenzó a portarse mal en la escuela secundaria, consumiendo mucho alcohol y experimentando síntomas de enfermedad mental y depresión que no podía explicar ni compartir con ninguna persona.
Un día cuando despertó en el hospital después de haber intentado suicidarse, recuerda a su madre horrorizada con la idea de llevar a su hija a un programa de tratamiento psiquiátrico, porque mancharía la imagen de la familia. Hogan sostiene que, finalmente, su madre aceptó llevarla a ver a un psiquiatra en un pueblo que estaba a millas de donde vivían, para evitar la humillación. Después de que Hogan compartió con el psiquiatra algunas de las cosas que le estaban ocasionando problemas, su madre se negó a llevarla nuevamente.
“A partir de ese momento, prácticamente fue todo de mal en peor,” sostuvo Hogan. “Mis síntomas empeoraron y mi consumo de alcohol estaba fuera de control.” Cuando su madre, quien para ese entonces ya estaba divorciada, ya no pudo controlarla, colocó a Hogan en el sistema de cuidados de crianza.
Tras graduarse de la preparatoria, Hogan abandonó su pueblo natal y sobresalio en una universidad privada. Hogan decidió empezar una nueva vida lejos y pensaba: “Nadie sabrá acerca de mi pasado.” La negación resolvea todo. Hogan se graduó en Phi Theta Kappa, además de recibir cinco premios destacados. Cree que su éxito se debió al hecho de tener, en ese momento, una estructura y un apoyo sólido y positivo.
Desafortunadamente, una vez que se graduo de la universidad, Hogan comenzó a sufrir recaídas y a experimentar los síntomas que había tenido antes. Fue hospitalizada varias veces y terminó en el hospital estatal de Illinois.
Con terapia y medicamentos adecuados, Hogan salió de su lugar oscuro y, los años siguientes, vivió una vida productiva hasta que sus medicamentos dejaron de dar resultado y se perdió en su mundo de confusión una y otra vez. Hogan tuvo la suerte de recibir tratamiento; se encontraba en un nuevo camino hacia la recuperación cuando experimentó un evento traumático importante. Una vez más, su enfermedad mental la atrapó. Comenzó a alucinar y a escuchar voces que le decían que hiciera cosas que solo tenían sentido para ella. No solo estaba perdiendo contacto con la realidad, sino que también perdió su capacidad de trabajar, su hogar y su pareja. Actuar según las órdenes que escuchaba pudo haber sido mortal si nadie hubiese intervenido.
“La psicosis que estaba experimentando fue creada por un desequilibrio químico en mi cerebro. Comencé a leer todo lo que pude sobre mi diagnóstico y conocí a otras personas que tenían los mismos problemas. Me rodié de personas que estaban viviendo una vida plena a pesar de sus dificultades. Aprendí nuevas estrategias para manejar mis síntomas. Llamar ELI a mi voz de mando me permitió desafiar lo que me pedía que hiciera, porque ya no era una ‘voz que debía obedecer.’”
Hogan ha estado en recuperación, y su caso ha servido como ejemplo positivo para otras personas de Arizona que enfrentan enfermedades mentales. Hoy en día es voluntaria como coordinadora de un grupo de apoyo de Mental Health America of Arizona, forma parte de la Junta de Directores de Visions of Hope, una agencia de servicios comunitarios basados en la recuperación y, regularmente, da charlas sobre problemas de salud mental.
Hogan también es representante de grupos paritarios en la Junta Gobernante de la Red de Respuesta en Casos de Crisis y ayuda a representar a la Red en varios eventos comunitarios. “Disfruto de transmitir el mensaje de que hay esperanza”.
Tres años atrás, Hogan comenzó su propio negocio de cuidado de mascotas. “Los animales siempre han sido terapéuticos y aprovecho el ejercicio diario. Me considero una persona afortunada porque encontré un objetivo y una responsabilidad.”
“La recuperación no es un hecho, es un camino que aparece cuando nos negamos a ser víctimas de nuestros síntomas,” agregó.




















