Pam Kazmaier
Pam Kazmaier ya no se avergüenza de su pasado. Eso habla de lo lejos que ha llegado en la recuperación de su salud mental, tomando en cuenta que su pasado incluye un intento de suicidio, la sentencia por un delito grave, la pérdida de un matrimonio y una gratificante carrera de enfermera registrada estropeada para siempre. Todos estos hechos fueron el resultado de las luchas que Pam tuvo de por vida contra la enfermedad mental.
Hoy en día es demasiado franca sobre su diagnóstico de trastorno bipolar en adultos. Cuenta que realmente no le sorprendió cuando le diagnosticaron la enfermedad ya que su padre fue diagnosticado con depresión maníaca por lo que se crió entre episodios perturbadores. Cuando Pam tenía 13 años, constantemente la perseguían “extraterrestres” cuya presencia creía real. Solo con años de terapia y ayuda médica dice que pudo darse cuenta de que esas imágenes eran una manifestación de su enfermedad mental.
“Nunca le conté a nadie sobre las voces que escuchaba o los extraterrestres que se me aparecían cuando era adolescente, aun así tuve una vida maravillosa durante un par de décadas,” comento. “Fui a la universidad, comencé una gran carrera como enfermera, me casé y tuve dos hijos. Pensé que era normal, al igual que las demás personas.”
Luego, los estados de euforia y arranques enérgicos asociados con las profundidades más oscuras de la depresión —los síntomas del trastorno bipolar— comenzaron a controlar su vida. Comenzó a ver a psiquiatras y a tomar medicamentos para aliviar los síntomas e, irónicamente, ayudaba a su hijo, a quien le diagnosticaron trastorno bipolar, a enfrentar las mismas dificultades.
Un día, su enfermedad mental fue demasiado como para que ambos pudieran manejarla por lo que Pam y su hijo, decidieron terminar con su vida al mismo tiempo mediante una sobredosis de fármacos. Ambos despertaron en el hospital. Pam atada a la cama.
“Cuando recibí el alta hospitalaria, me esposaron y me arrestaron por cometer delitos peligrosos contra niños, que es un delito grave,” sostuvo. “Cuando tienes una enfermedad mental, no tienes pensamientos lógicos. Cuando intenté suicidarme con mi hijo, pensaba que le estaba aliviando su dolor y su sufrimiento, y que estaría en el cielo con él.”
Al ser condenada, Pam perdió su libertad, su licencia de enfermera, su derecho de votar, su matrimonio y su autoestima. Durante los últimos años, ha trabajado para reconstruir su vida enfocada en recuperar su salud mental.
“Ha sido un largo camino, no solo para mí, sino para otras personas que sufren una enfermedad mental,” sostuvo. “La enfermedad mental es la única ‘enfermedad’ por la que las personas te consideran culpable. Si tienes un ataque al corazón, son comprensivas, pero si tienes lo que yo denomino ‘ataque mental’, eres mucho más despreciado.”
Afortunadamente para Pam, a través de la dedicación de administradores de su caso, medicamentos adecuados y programas y servicios de apoyo de salud mental que ha recibido en el Condado Maricopa, está recuperando su vida en la comunidad y enmendando las relaciones con su familia. Ahora, suele asistir a varios eventos de salud mental, tales como el programa “In Our Own Voice” (“Con nuestra propia voz”) de la Alianza Nacional de Enfermedades Mentales (NAMI, por sus siglas en inglés), y trabaja tiempo completo como profesional certificada de rehabilitación psiquiátrica y consejera de Triple R Behavioral Health. Ayuda a otras personas a aceptar su enfermedad mental compartiendo un poco de su propia historia y antecedentes.
“Soy transparente y no escondo para nada mis experiencias de salud mental,” sostuvo. “Cuento todo para que las personas puedan aprender. Quiero desmitificar la enfermedad mental para que los que estén sufriendo puedan obtener la ayuda que necesitan.”




















